Alzheimer

Publiqué este artículo en El Periódico de Catalunya, coincidiendo con la celebración del Día Mundial del Alzheimer. Con estas breves líneas, quise enviar un mensaje de apoyo a los miles de personas que han de sobreponerse a su angustia para cuidar a un ser querido afectado por la enfermedad.

 

   

 

LA ANGUSTIA DEL CUIDADOR

 

  La pérdida progresiva de contacto con la realidad en los enfermos de Alzheimer presenta un suplicio añadido respecto a otros tipos de trastornos psicóticos involutivos o demenciales. Si en cualquiera de ellos la lógica del pensamiento o del acto se deteriora hasta desintegrarse, en el Alzheimer, la imposibilidad de reconocerse a sí mismo o a los seres queridos plantea situaciones aún más dolorosas tanto para el enfermo como para sus familiares cercanos, erigidos por regla general en cuidadores de los afectados.

  Es justamente esta familia cuidadora la que debería recibir de la sociedad en el Día Mundial del Alzheimer un mensaje de reconocimiento y gratitud. No sólo porque ellos han aprendido a trabajar sumidos en su propia angustia para cuidar a enfermos por entero dependientes, sino porque no va a recompensarles ni el suspiro de agradecimiento que otro tipo de enfermos puede dar. El desconsuelo de brindar a la persona querida la asistencia incondicional para obtener a cambio sólo una mirada que parece preguntar: “¿Te conozco de algo?” merece el respaldo unánime de todas las fuerzas sociales. Una contribución mínima para que los familiares de enfermos de Alzheimer traten de no desmoronarse ni encerrarse en su desesperación.